martes, 26 de mayo de 2009

NEGOCIAR


Negociamos todos los días en todas las facetas de nuestras vidas personales y profesionales; lo hacemos aunque no siempre seamos plenamente conscientes de este hecho. Los buenos o los malos resultados que se obtienen en las negociaciones tienen repercusiones muy difíciles de delimitar; van tejiendo tramas complejas de causas y efectos que pueden conducir a la satisfacción, al arrepentimiento y la recriminación. Las negociaciones no suceden; se las promueve y se las debe gestionar de manera sistemática. Precisamente, el enfoque que proponemos desde CONSENSUS el Centro de Investigación que me toca dirigir en el IAE impide que veamos la negociación como un problema más, transformándola en algo completamente distinto: la herramienta más idónea y dinámica para enfrentar y gestionar conflictos.
La divergencia y el conflicto son inherentes a los intercambios sociales; afectan a los individuos, a grupos, a sociedades, a países, a bloques económicos, es decir, al mundo entero. Por ello, nuestra actividad puede ser calificada como “una industria con alto potencial de crecimiento” ya que la complejidad en la que nos desenvolvemos a diario, es también creciente. La capacidad para la consecución de acuerdos, para la elaboración de consensos -y para el logro de su sustentabilidad- es un recurso esencial. Consideramos primordial y urgente el desarrollo de estas capacidades en nuestro país.

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